Sueños, hermanas y mermas

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Karina Villalobos*
chicalitragon@gmail.com
Instagram: @chicalitragon
Fotos: Priscila Núñez y Karina Villalobos
Yo soy la mayor de tres hermanas. Crecí en una casa con un papá, madre, una constante presencia de abuela, perros, gatos, primas y hartas palabras. Hay cosas que jamás podré experimentar y que tampoco me causan empacho: tener un hermano, ser hija única, ser la menor (con todas las ventajas que eso significa) y comer rodeada de silencio. Todos sabemos que donde hay mujeres no es precisamente un lugar callado, gracias a la naturaleza por darnos eso.

En mi casa siempre hubo reglas, muchas. Y por supuesto que dependiendo nuestras etapas de crecimiento las fuimos odiando u aceptando, pero mis padres nunca bajaron la guardia y reglas siempre fueron reglas. Una de ellas era sentarnos a la mesa juntos para la comida del mediodía. Teníamos que estar todos para empezar a dar cuenta del plato, y en caso de que fueran vacaciones no estaba permitido que aun vistiéramos pijama. La acción de comer juntos siempre estuvo rodeada de sentido: quejarnos unas de otras, la regañada y conforme fuimos creciendo, se fue convirtiendo en la hora del chisme y los pendientes

Ahora las tres somos muy adultas y podernos sentar en una mesa juntas requiere esfuerzos de logística serios: para comer con mi hermana la de en medio tiene que haber un largo vuelo de transporte, para comer con la más chica, hay que concertar un fin de semana en que marido, hijos, piñatas y tareas se alineen. Cuando ellas quieren comer conmigo tienen que avisarme con mucho tiempo porque yo siempre ando inven†ándome trabajos.

Cierto es que la vida que hemos elegido nos ha llevado a mundos diferentes, y que se viven como tres planetas lejanos, pero por fortuna la tecnología nos ha dado el whatsapp y no hay día que no echemos chal y estemos pendientes una de la otra. Me gustan mucho mis hermanas, son mujeres fuertes, apasionadas y con las que comparto una filosofía de vida donde los sueños siempre van primero, y en buscarlos nos sostendremos con fuerza una a la otra.

Seguro están preguntándose por qué me puse a hablar de hermanas, pero es que no he dejado de pensar en ellas desde el día que conocí a Karina y Marina: las hermanas Vigil.

Yo tengo la mala costumbre de preguntar a todo mundo donde compra comida, galletas, pasteles y dulces. Desde hace unos meses, varias personas respondían a la pregunta dulcera con la palabra Miellé.

Así que haciendo cuentas y calculando que ya tocaba un Chicali Tragón con azúcar, me dí a la tarea de visitarlas, y en este caso de plano iba sin saber bien con qué me iba a encontrar. La travesía de encontrarlas tiene su chiste, ya que su local está medio escondido entre las casas que rodean a la escuela de Odontología, pero a pesar de que Google Maps me hizo dar vueltas innecesarias, llegué.

Miellé es un pequeño punto de venta anexo a la casa familiar, y hago énfasis en pequeño: un mostrador-vitrina con pasteles en su interior y galletas en el exterior, un pizarrón de precios, flores, un estante con cajas y un olor a crema, masas y dulce llenando de alegría el ambiente.

Me recibieron las sonrientes Karina y Marina, yo llegué acompañada de Priscila, y mientras ella empezaba a accionar la cámara no habían pasado ni 3 minutos cuando las 4 ya estábamos en plática cerrada con harta carcajada. Karina y Marina son abogadas, Karina siempre se sintió más cercana a la repostería que al ejercicio de la ley, y después de su primera experiencia de embargo y la tarde de lágrimas que le causó, decidió que lo suyo era la cocina. Desde la casa de sus padres empezó a experimentar con las recetas familiares y a vender por pedido entre amigas de la familia, mientras Marina se concentraba en su carrera como abogada y formando una familia.

Tras un tiempo los pedidos empezaron a incluir cafeterías y restaurantes, por lo que Karina ya completamente convencida de que la repostería era lo suyo, decidió profesionalizarse e irse a la Ciudad de México para ser una de las flamantes estudiantes del Cordon Blue.

Una vez tomada esa decisión Marina aprendió a hacer pasteles para hacerse cargo del changarro en lo que Karina iba y venía. Lo mejor de todo, es que Marina resultó excelente aprendiz, y no sólo cuidó el pequeño negocio de su hermana, sino que lo afianzó. Tras el año de preparación decidieron armar un menú y el punto de venta. Abrieron las puertas en enero de este año, y tras sólo 9 meses, ya cuentan con 4 chicas más colaborando y la gente no deja de llegar, comprar y hacerles pedidos.

Me gusta mucho esta historia, pero lo importante del caso y la razón por la que ustedes leen esto, es para que hablemos de sabores, y mis queridos cachanillas, esto fue un derroche de belleza, sensaciones y felicidad en formas delicadamente dulces, así que aquí les va.

En Miellé, ustedes pueden encontrar pasteles completos y postres individuales. Empezaré por estos últimos. El primero que probé fue una bola brillosa sorprendente: nada más y nada menos que una presentación alternativa del Creme Brule: aquí la forma es en profiterol relleno de crema y endurecido por fuera con caramelo. El resultado es alucinante porque la crema no es muy dulce, por lo que no empalaga, sino que casa perfectamente con el crujiente acabado de caramelo.

Tras esa sorpresa vino un brownie triple chocolate. Cuando anden necesitados de una fuerte dosis de endorfinas pidan esta joya, consistencia densa y se perciben los tres tipos de chocolate que lo conforman. Triple palomita!

La tercer degustación vino precedida por la advertencia de que era uno de los más populares y se llama Alas de Ángel: pay de queso horneado coronado por la versión Miellé del Baklava, y ¿qué es eso? Pues láminas de hojaldre crujiente con nueces, canela y miel de abeja. Veredicto: tienen que probarlo.

Puedo asegurarles que la andanada de alegría da para mucho en este pequeño espacio, donde encuentras tartaletas, galletas con chip, unos hermosísimos y deliciosos macarons y por supuesto los pasteles. En este útimo rubro hay 6 sabores: zanahoria, chocolate, vainilla con sprinkles, moras con limón y coco, el de galleta maría y el de fresas con crema (llamado el Poncho por ser receta del papá de las Vigil). Tu escoges el sabor y puedes elegir si la decoración es “Party Cake” (tiene en verdad una fiesta encima), “Media luna” (decoración con frutos rojos) o el “Floripondio” (el nombre lo dice todo). De los pasteles probamos el Poncho y su delicadeza es tal que hasta los menos dulceros lo encontrarán encantador. Don Poncho gracias por compartirnos a la ciudad su receta familiar.

Salimos de ahí con una linda caja cargada de macarons y joyas comestibles diversas, no sin antes saludar a Mariano, el guapísimo bebé de Marina y al que con amor apodan “La Merma”.

Mielle Repostería está ubicado en Chinampas 1783 en la colonia Calafia. Abren de lunes a sábado de 10 am a 7 pm y si no dan con su ubicación llámenles al 686 265 4108. Karina ama chiquear con sus postres, así que pasen por ahí y déjense querer con sabores, es más, inviten a sus hermanas.

*Mexicalense, comunicóloga e historiadora por la UABC, voz de radio en Los 40 Mexicali y directora de Punto 56 Centro de Estudios Fotográficos.

 

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