La pizza de chicharrón existe, y el mojito de cerveza ¡también!

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Con cariño a todas las viejotas que hacen de ésta ciudad un mejor lugar

chicalitragon@gmail.com

Instagram: @chicalitragon

Fotos: Priscila Núñez

 

Hace algunos días platicaba con un grupo de adolescentes y entre un tema y otro llegamos a la comida, así que intercambiamos algunos avisos y recomendaciones. Uno de ellos dijo que entre sus planes estaba convertirse en youtuber de comida y viajes. Le conté que yo más o menos hago lo mismo, pero por escrito, porque no se me da eso del video.

 

Su sorpresa fue muy grande, primero porque lo asume como un trabajo ideal, y después porque no entiende que no lo haga en video. Su argumento fue que la gente joven no pierde el tiempo leyendo y que con eso seguro pura gente grande me conoce. Tal vez tiene razón y mis queridos lectores no son la chamacada de la ciudad, pero lo que si es cierto, es que son los lectores más entusiastas y movidos que alguien que escribe puede desear.

 

Su cara de sorpresa y sus argumentos me hicieron pensar un poco en las razones que tengo para escribir sobre comida, y claro que son muchísimas. La primera de ellas es la comida misma, después vienen mi amor por la ciudad, las ganas de compartir, que me gusta escribir y que mis jefes en este periódico gustan de lo que hago. Si quito todas esas razones, sin duda, lo que más disfruto es conocer personajes complejos y únicos que me comparten las historias de cómo doman a diario esta ciudad. Y es aquí donde debo confesar que muchos de estos personajes que el Chicali Tragón me ha ido presentando, son mujeres.

 

Como mujer norteña, que habla fuerte, contesta y levanta siempre la cara, lo más emocionante es encontrarme en el camino a muchas mujeres con las que quiero caminar y construir la ciudad. En este momento no son pocas las mujeres que están innovando y lidereando con estilos particulares. Encuentro nuevas maneras de atender, de servir, de crear empleos, de hacer empresa-familia-equipo, y sobre todo, ponerle mucho corazón a cada vaso, plato, tarro, charola y taza que sirven a sus clientes.

 

A Kika la conocí porque hace dos años abrió su restaurante de desayunos Dos Panes, desde entonces y hasta hoy, uno de mis desayunos perfectos es el de huevos benedictinos que ahí preparan, por lo que cuando empecé a escribir el Chicali Tragón dediqué a Dos Panes uno de las primeras ediciones. Desde entonces he visto como su proyecto ha crecido, y como ante nuevos retos ella ha ido lidereando un equipo muy sólido para afianzar lo recorrido y corregir lo que se vaya presentando.

 

Como Kika no es una chica que se esté quieta, hace apenas un par de meses abrió las puertas de su nuevo proyecto: BJAUS. Explicar este lugar es complicado para quien necesite definiciones exactas, pero para quien quiere de todo y bien, le aviso que ya le encontramos lo que andaba buscando.

 

El BJAUS es un lugar para tomar café, cervezas artesanalas, coctéles, té, tisanas, comer algo de pan dulce tradicional mexicano, y los más decadentes postres y entradas. Repito: de-ca-den-tes.

 

Me encanta la idea de un lugar con tantas opciones, todos hemos tenido siempre al amigo que quiere cerveza cuando nosotros queremos café y viceversa, así que el BJAUS llega para proponerse como un espacio flexible en gustos y aficiones.

 

Llegamos expectantes porque ya sabemos que a Kika le gusta partir de lo manchoso para comer y alimentar a los demás. Primero que nada debo decirles que el lugar es muy bonito, el diseño es contemporáneo y se respira una atmósfera tranquila y cómoda. Nos recibieron además de Kika, su socio Martín y su chef repostera Claudia. Mientras nos contaban las historias de cómo sus vidas confluyeron y se integraron al proyecto,  empezaron a llegar por bloques, diversos platillos y bebidas de su menú. La comida que aquí se sirve está catalogada como entradas, ya que están planeadas para compartirse por los comensales, tómenlo en cuenta, estamos hablando de platos abundantes.

 

Y así llegaron primero los nachos: una montaña de totopos bañados no en queso, sino en una salsa de quesos, salsa bandera, guacamole, crema agria y arrachera, una de esas cosas que dan gusto y no hay manera de dejar de meter la mano al plato. Los nachos son deliciosos, bien hechos, y fueron la apertura perfecta para lo que venía a continuación.

 

La segunda entrada consistió en una versión muy particular de mac n’ cheese: cazuelita con los macarrones muy cremosos y quesosos, coronados con pork belly y acompañados de pequeñas ciabattas con chimichurri. Si están pensando que esto se lee muy bien, les prometo que sabe mejor.

 

Tras la alegría que acabábamos de experimentar llegó algo bastante peculiar a la mesa: pizza con masa base de orégano y como ingrediente principal… ¡¡¡¡chicharrón en salsa verde!!!! Babeen, porque en serio deben probarla, la combinación de estos sabores salados irán a la perfección con una helada cerveza.

 

Tras dejarnos descansar un poco, llegó el turno a los postres, y así fue como conocimos y degustamos un Creme Brulee de especias y un Tiramisú de Espresso. Vamos por partes. Ambos postres no sólo son de muy buen tamaño (perfectos para compartir también), sino que su presentación es espectacular y retadora. El Creme Brulee no es el clásico platito que regularmente encontramos, sino que  viene acompañado de un macaroon, crema de Baileys, compota de frutos rojos y láminas de chocolate. El Tiramissú tampoco es el convencional, en lugar de pan remojado con café, aquí se sirve armado de galletas soleta bañadas en espresso, cubiertas de crema de mascarpone, ganache de chocolate, migas de pan de almendra, macaroon y láminas de chocolate.

 

Al momento en que nos disponíamos a probar, Kika nos advirtió, sabe mucho mejor si combinan todos los ingredientes de cada plato, así lo hicimos y ¡wow!, las explosiones de texturas y sabores son impresionantes, no puedo elegir uno sobre otro, porque ambos tienen conceptos definidos y son nuevas versiones de postres que para casi todos ya son clásicos. Me gusta mucho pensar que cuando creemos que ya conocemos ésto o aquéllo, llega un equipo revoltoso y nos proponen un sabor que conocemos pero revolucionado.

 

Para cerrar con este bacanal de sabores nos presentaron 4 de sus propuestas de coctéles: un mojito de cerveza, el Diablito, un tal White Monkey y la llamada Vineza. El mojito de cerveza lleva ron, hierbabuena y cerveza clara, el sabor es muy parecido al del mojito tradicional, pero con la cerveza no es tan dulce y conserva la frescura. El Diablito está hecho de mezcal, jugo de piña, naranja y chile Tajín, un trago sólido y con los sabores que gustan a todo cachanilla, excelente opción para aquéllos que aún no le entran de lleno al mezcal. La Vineza, fue mi favorito por lo arriesgado y balanceado sabor, es vino tinto con cerveza y jugo de arándano, imaginen un mix entre sangría y chavela, lo mejor de dos mundos. El último de los tragos que probamos fue el White Monkey, armado con vodka, plátano, baileys y café; les advierto que es un trago peligros, ya que es tan dulce y suave que podría confundirse con un licuado mañanero.

 

El BJAUS definitivamente es una propuesta diferente y arriesgada al ser tan peculiar, sin embargo, una vez que les visites te darás cuenta que tiene sentido: sabores definidos, ingredientes de primer nivel y las ganas de chiquear y sorprender a quien cruce su puerta.

 

BJAUS está ubicado en L. Montejano 1711, abren todos los días de 8 am a 11:30 pm. Por la mañana puedes pasar por un café y un tradicional pan mexicano, a partir de las 10 am empiezan a servirse los coctéles y las entradas desde las 3pm.

*Mexicalense, comunicóloga e historiadora por la UABC, voz de radio en Los 40 Mexicali y directora de Punto 56 Centro de Estudios Fotográficos.

 

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