¡Ese rancho es una maravilla!

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Cada que tengo el gusto de conocer a los lectores del Chicali, o que algún amigo se confiesa lector, es casi seguro que comentará algo al estilo de “tu que suave, te la pasas comiendo, ¿quién no quisiera un trabajo así?”. Pues ¿saben qué?, es cierto, tengo una chamba cargada de fortuna y alegría.

Muchos de ustedes también me preguntan cómo elijo los lugares, me imaginan a diario empacando sabroso en la calle, para después elegir, y no, no es así. La elección de los espacios responde a una combinación de lugares que de manera natural ya amo y quiero compartirles, o descubrimientos repentinos cuando voy manejando, recomendaciones de mis lectores y muy pocas veces por invitación.

Uno de los primeros lugares que planeaba reseñar para ustedes era el maravilloso, pequeño y en parte subterráneo Qorot, por desgracia, justo cuando el Chicali Tragón empezó sus andanzas el lugar desapareció. Tras meses y meses de andar preguntando razones de a dónde se habían ido, recibí una luz de esperanza: se decía que planeaban convertirse en un huerto o algo por el estilo, pero no se veía nada certero en el horizonte.

A pesar de que aquélla versión del Qorot ya no existe, no puedo dejar de contarles que fue uno de mis lugares favoritos en esta ciudad. Medio escondido en plena Benito Juárez, había que tocar una campana para acceder, el lugar era estrecho y alargado. Contaba con un subterráneo con tres mesas y fue el primer restaurante mexicalense que apostó por lo de “Come y toma local”.

Entre 2010 y 2016 fui asidua comensal, sin embargo, nunca hice preguntas ni conocí al cerebro tras los platillos, en esos años no escribía sobre lugares para comer. A inicios de este 2017 alguien me contó que ahora sí habría Qorot pero en las afueras de la ciudad. Recuerdo perfectamente que el primer sábado de marzo recibí un mensaje de Eli, mi amiga la masoterapeuta milagrosa, me decía: tienes que venir a un lugar que se llama Qorot que está en el camino al aeropuerto.

¿Se imaginan lo feliz que me sentí? Uno de mis clásicos estaba de regreso. A pesar de que quise salir corriendo a conocer su nueva propuesta tuve que esperar un poco, ya que en la redacción de La Voz de la Frontera, andábamos muy ocupados festejando con ustedes el primer aniversario del Chicali Tragón. Pero como hay cita que no se cumpla, fue el sábado pasado cuando me senté por horas en una de sus mesas, y no sólo disfruté de una comida y un lugar maravillosos, sino que tuve la fortuna de compartir la comida-cena con Ana (el cerebro de Qorot), Priscila (mi hermana adoptiva y excelente fotógrafa), Eli (la antes mencionada prodigiosa masoterapeuta) y su amiga Sara (valiente terapeuta en Los Algodones); o sea, comí con pura wonder woman.

Antes de entrar en más detalles les cuento del lugar. El nombre del nuevo concepto es Qorot Asador Huerto, y está en la carretera al aeropuerto. El rancho es hermoso, tras entrar a la propiedad rodeada de palmas, uno se encuentra con grandes árboles, pasto, y tarimas bajas con mesas, todas con un arreglo floral. Al fondo se ubica la cocina-asador, donde de manera dedicada, un pequeño grupo de jóvenes prepara al momento cada platillo y organizan el servicio.

El espacio me hace pensar en lugares que he visitado en el Valle de Guadalupe, es relajado, sencillo y de simplicidad elegante. Tras la primer ronda de heladísimas cervezas los olores nos tienen a todas sonriendo, mientras Ana dirige a su equipo y regresa para contestar mi preguntadera.

Ana Carmona es ensenadense de nacimiento y cachanilla por adopción. Llegó a esta ciudad en 1999 para hacer sus estudios universitarios y ya nunca se fue. En 2009, junto con su hermana, empezó el proyecto Qorot, pero en ese entonces sólo vendía productos de la región.  Al poco tiempo ya estaban diseñando un menú y el lugar se convirtió en restaurant. La premisa fue sencilla: come y toma local, apuesta arriesgada en aquél momento, ya que los cachanillas somos algo nuevos en eso de lo local y también en lo de esperar a que nos preparen la comida. Es muy de aquí querer sentarse y que a los 5 minutos ya esté todo el servicio listo, ¿o no?

Entre risas e historias arribó la primer entrada a la mesa: unos delicados sopes de lengua deshebrada, coronados por cebolla morada curtida, rábano, salsa de cilantro y queso fresco recién pasado por la parrilla. Que no los espante la lengua, ésta se deshace en la boca, la combinación de sabores tiene un final muy emocionante con el asado del queso.

Tras los sopes, llegaron juntos una ensalada de nombre Ponsi y una belleza llamada Opuntia. La ensalada es uno de los pocos platillos que sobrevivió del antiguo Qorot y es deliciosa: lechuga mixta, queso de cabra con amaranto, zanahoria asada, frutos rojos, nuez caramelizada y vinagreta balsámica. La selección de ingredientes hace que el paladar disfrute de lo dulce, salado y ácido en cada bocado, contrastando con ingredientes suaves y crocantes.

La denominada Opuntia es un sándwich en pan Ciabatta, un pan tan hermoso y harinado que parece sacado de revista, en su interior hay filete New York, queso crema con jalapeño, tomate deshidratado, nopal asado y le acompaña medio aguacate parrillado (sí, medio aguacate): cada mordida es un lujo total, y eso del aguacate asado…ufff, sin palabras.

Tras un ratito de descanso hubo una tanda más de platillos: Pizza de carnes y el Prime. La pizza es de tamaño personal, en pan delgado tipo pita con la mejor selección de carnes y queso de la región, puede ser el platillo ideal para los niños o para el amigo al que le da miedo experimentar, es deliciosa y creo que solo un vegano la puede rechazar.

Ahora les describiré el platillo más sexy de la mesa: el prime. 500 gramos de rib eye término menos que medio, sobre una cama de puré de garbanzo. Tras ponerlo en la mesa nos preguntaron si lo queríamos más cocido, pero como buenas salvajes que somos dijimos que no. La calidad del corte no necesita más acompañamiento que el puré, su delicia es decadencia absoluta, y creo que en el medio cocido está el detalle, por lo que les exhorto a no pedirlo bien cocido para que vivan al experiencia tal como ésta cocina lo propone.

Tras ese bacanal de comida seguimos platicando y brindando con cervezas. Ana está emocionada de esta nueva etapa de Qorot, su socio, el cachanilla Gabriel Posada y ella, no dudan que Qorot encontrará a su público, gente que gusta de buenos ingredientes y del ambiente de rancho.

Si ustedes piensan que ya habíamos terminado de comer (yo sí lo pensaba), pues no era así, llegaron a la mesa sendos postres: Sopa de chocolate y Limón María, el primero un sartén con chocolate derretido, galleta maría pulverizada y nueces caramelizadas; el segundo es el clásico postre de gelatina cremosa de limón con galleta maría. Ambos postres de ingredientes clásicos, combinados y servidos con maestría, saben a México. Alguien en la mesa tuvo la osadía de combinarlos, y ¿qué creen?, sabían aun mejor. Aclaro que nos fuimos de ahí casi casi rodando, pero eso sí, muy felices.

Qorot Asador Huerto está ubicado en el kilómetro 8.5 de la carretera al aeropuerto. Abren los jueves de 12 a 10 pm, viernes y sábado de 12 a 11 pm y domingos de 12 a 7 pm. Para los mosquitos hay repelente, y para quien de plano se ponga mal con el calor hay un comedor cerrado y refrigerado, pero la experiencia está en comer estilo rancho, mirando como la comida sale del asador.

*Mexicalense, comunicóloga e historiadora por la UABC, voz de radio en 90.7 y directora de Punto 56 Centro de Estudios Fotográficos.

** Colaboración publicada originalmente el 10 de junio de 2017 en La Voz de la Frontera.

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