Si el corazón te late…come Xocolate

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¿En qué piensan cuando alguien les habla de un lugar mágico? Supongo que las referencias personales son tan variadas, que llegar a un consenso sobre ello sería imposible. Además, la magia muchas veces reside en la manera en que alguien te cuenta algo, también depende de la espera, y en ocasiones de la sorpresa.

En mi infancia pre internet los lugares mágicos tenían mucho que ver con ciertos sueños que disparaba la televisión, o las pequeñas historias con que mi padre nos preparaba para un road trip californiano. En lo que si creo que todos podemos coincidir, es la manera en que reconocemos lo mágico, y es que nos paraliza por unos segundos, nos hace sentir suspendidos y no sabemos bien a bien, la manera en que debemos empezar a interactuar con lo que nos ha quitado el aliento.

A lo largo de mi vida han ido alojándose en la memoria experiencias que pueden catalogarse como mágicas. Recuerdo una juguetería en la ciudad de San Diego, una de esas clásicas, con un oso de peluche gigante al centro, por el piso soldados de plomo, bailarinas y trenes sobre pequeñas vías que recorrían los perímetros de la tienda. La mayoría de los juguetes eran mecánicos, elegir cualquier cosa era casi misión imposible, el sueño despertaba con un “¡vámonos!” de mi padre.

Creo que sentí la misma experiencia paralizadora la primera vez que llegué a Tulúm. En esos años el lugar prácticamente era remoto y no había tiendas ni puestos, nadie ofrecía hacer trencitas ni tatuajes: era un palacio prehispánico con fondo turquesa. Salí de mi trance cuando las olas ya me traían en plena revolcada.

He usado los primeros párrafos para hablar de lugares mágicos porque es Proyecto Xocolate. Tras varias llamadas y averiguaciones llegó el día de visitarles, y créanme, ni los 50 grados de calor podían quitarme la emoción de ir a conocer una chocolatería en mi Mexicali. Aun con el sol en lo alto llegamos mi amiga Priscila y yo a este pequeño pero perfectamente diseñado y decorado local en el oriente de la ciudad: colores cálidos, estanterías de madera oscura, frascos y paquetes minuciosamente dispuestos en sus anaqueles, chocolates y repostería adornando los refrigeradores, un penetrante y reconfortante olor a granos de café y chocolate en el ambiente, y una sonriente y amable familia dándonos la bienvenida.

Así conocí a Jesús, Ileana y Álan Rentería; padre, madre e hijo, viajeros, apasionados de México y entusiastas del chocolate. Me cuentan que entre viajes e pláticas (Ileana es oriunda de Yucatán), desde hace un tiempo empezaron con la idea de arrancar un negocio donde se le devolviera el esplendor mexicano al cacao, al café, y a los diversos productos con sabores únicos que se producen en nuestra tierra.

No tardaron mucho en decidirse por el chocolate, Jesús empezó a trabajarlo personalmente, a probar mezclas, entender como se le maneja, enamorarse de lo que significa una pieza con 70% cacao, y sobre todo, la vida única que tiene cada combinación de ingredientes para producir un chocolate en específico.

Tras discusiones sobre el nombre que le darían a esta aventura, Alan propuso lo de Proyecto Xocolate: Xocolate con X de México y de sonido prehispánico, y Proyecto porque cada nueva receta, y cada nuevo cliente, serán atendidos de acuerdo a sus necesidades y deseos.

Con el nombre ya aprobado no le pensaron mucho y decidieron hacer una apuesta riesgosa: armar toda la tienda, imagen y hasta empaques, para presentarse en Agrobaja 2017. La idea fue: si nos va bien ponemos la tienda, si no, hacemos otra cosa. Y bueno la respuesta ya la tienen: tenemos tienda.

Ahora les cuento a detalle con qué se van a encontrar aquí. Del lado izquierdo del local empiezan las sorpresas. Primero, un ordenado dispensador de seis diferentes tipos de café en grano, todos mexicanos y de la mayor calidad. El cliente puede hacer sus combinaciones, en la tienda llevan un registro de ello y así puedes ir corrigiendo la mezcla hasta llegar a la que consideres perfecta y tuya, el café aquí es una cuestión personal. En ese mismo estante, se pueden encontrar una serie de mermeladas exóticas, mexicanas y orgánicas, combinaciones de Jamaica con Chipotle, de Mango con chile y jaleas de café.

Al centro un refrigerador vitrina muestra los pequeños chocolates joya que aquí se producen: los hay oscuros, blancos y de coloraciones brillantes. Todos delicados, se nota el empeño con que se confeccionan. Hacia la derecha, la fiesta de los sentidos remata con una vitrina que presume la repostería: hermosos y brillantes pasteles, craquelines, tartaletas, eclairs y bizcochos. Confieso que me hubiera sido imposible elegir algo, me sentía exactamente como niña en tienda de Hello Kitty, así que me dejé llevar por las sugerencias.

Para el momento en que empezamos la decadente degustación ya se habían unido a la plática Itzel Marmolejo (talentosa y joven chef de esta cocina), Karina Salazar (diseñadora y fotógrafa del concepto) y Alex Tirado (encargado de chiquear a los clientes).

Arrancamos con algo sencillo: galletas saladas con las mermeladas y jaleas, opté por café, mango con chile y Jamaica con chipotle. Mi ganadora fue la última, porque les juro que sabe a México. Nos seguimos con granos de café tostados cubiertos por chocolate oscuro: un verdadero contraste de sabores y texturas, chocolate que se derrite para dar paso al crujiente grano, y desde aquí se nota que en Proyecto Xocolate no se escatima con la calidad del cacao.

Llegamos al momento mágico de probar algo de repostería, Itzel nos ofrece una perfecta tartaleta con frutas y chocolate y nos dice que es de mole. No se asuste lector, es mole repostero. Cada bocado está cargado de la frescura de los pedazos de fruta, la suave crema de chocolate y la crujiente base, y hasta el final, se deja sentir ese regusto de chiles suaves que caracterizan al mole: sorprendente y delicioso.

Mientras Priscila y yo sonreíamos ante la belleza y sorpresa de lo que probábamos, Itzel nos contaba de los pasteles, la manera en que usa técnicas europeas pero con ingredientes mexicanos, y es así que aquí la jamaica, el mole, el chile de árbol, la naranja y el plátano macho, se convierten en decadentes y extraordinarios postres que no sólo saben increíble, sino que además atrapan a México.

Con todos los sabores y sensaciones alojadas en corazón y paladar, dejé para hoy mi encuentro con los chocolates, y es así que mientras escribo para ustedes he probado una pieza de cacahuate y caramelo bañado en chocolate blanco, una delicia de naranja, un fresco y sorprendente chocolate con relleno de maracuyá, un enjambre de nueces y mi favorito del día: chocolate relleno de mango y mole.

En esta ocasión de verdad siento que me falta espacio, pero lo importante es que gracias a la familia Rentería tenemos este recinto chocolatero mágico en la ciudad. Dénse la oportunidad de sorprenderse, de redescubrir a sus sentidos y saborear a México. Jesús e Ileana están apostando por un equipo joven, productos de la más alta calidad y arrancando lo que estoy segura se convertirá en todo un referente en la ciudad.

Proyecto Xocolate está ubicado en Calzada Gómez Morín 281. Abren de lunes a viernes de 8 am a 8 pm, sábados de 9 am a 8 pm, y domingos de 10 am a 7 pm. Pregunta todo lo que quieras saber de los sabores y los postres, en Proyecto Xocolate no sólo venden magia, sino que están listos para hacer de tu visita un viaje a los tesoros de este país.

*Mexicalense, comunicóloga e historiadora por la UABC, voz de radio en 90.7 y directora de Punto 56 Centro de Estudios Fotográficos.

** Colaboración publicada originalmente el 24 de junio de 2017 en La Voz de la Frontera

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